Susana Giménez Por Héctor Maugeri

Es la máxima diva del espectáculo. Icono nacional.Se quita el maquillaje y se muestra como una simple mujer.

Su nombre era María de los Dolores, pero nadie la llamaba así. Para su familia y los extraños ella sólo era Mary; mejor dicho, “la Mary”. Esa mujer, a la que una letra de tango pudo haber aludido como a la más bonita del barrio, se distinguía de todas por una suerte de indefinida majestad, por su actitud desafiante y cierto aire imponente que no derivaba de la gallardía de su cuerpo, sino de su conducta. Así, con palabras tan austeras como precisas, la describía el autor argentino Emilio Perina en su primera página del libro “La Mary”, editado en 1974.

Su nombre es María Susana Giménez Aubert, pero desde siempre fue la chica “Shock”, la modelo, la que se destacaba entre sus compañeras por sus ganas y su enorme disciplina frente al trabajo. Para ella, la queja y el cansancio no existían. Sus deseos de salir de la pobreza y criar sola a su hija, cuando aún había cumplido 18 años, la llevó por un camino impensable. Entonces fue Susana, la que jugó a ser vedette, supo vender su belleza y ser objeto de deseo y un ícono nacional. La mujer que logró prestigio, se animó a más y cautivó a la audiencia desde el teatro musical y su propio programa de televisión. Detallista, apasionada y, como toda acuariana, siempre supo surfear sus propias aguas turbulentas y salir airosa aún desde las llamas del infierno. Amó descaradamente, se entregó al placer, y muchas veces (la mayoría, confiesa) salió herida. Le robaron, le mintieron, hasta que se hartó de todo y comenzó a oxigenarse para vivir su vida en plena libertad. Construyó su propio refugio, una chacra en Punta del Este, que bautizó “La Mary”. Porque como la imaginó el autor y escribió en la primera página de su obra póstuma, esta mujer siempre se distinguió frente al mundo por su entrega e infinita majestad.

-Como mujer de la TV, ¿cómo ve la televisión? ¿Qué es lo que la conmueve? ¿Qué le gusta ver?
-Si te tengo que decir la verdad, la entrevista termina acá. Porque mis compañeros me pueden llegar a matar.

-Es su opinión, Susana.
-Sabés qué pasa, es que no estoy viendo una buena televisión. He viajado mucho este año, no estoy detrás de cada programa como para poder analizarlos, pero cuando estoy en la Argentina, sólo veo mis dos novelas que me encantan: “Graduados” y “Dulce amor”. También veo muchos programas políticos, porque me interesa estar informada y ver lo que está pasando en el país. Necesito estar empapada en la realidad.

-E irse a dormir muy deprimida…
-Pero cómo te vas a dormir con una carga emocional tremenda. Que el triple crimen del día, que el asesino, el ladrón de turno, la soledad, el horror. Pero esto también lo veo en otros países del mundo, no sólo en la Argentina.

-¿La televisión argentina, guarda un cierto paralelismo con la situación por la que atraviesa el país?
-La televisión es una parte del país, obvio. Una parte de lo que se está viviendo. Y estamos transitando una cierta decadencia. Y más allá de que si la televisión argentina es buena, también cuenta cómo estamos todos los argentinos

-¿Extraña no ser parte del sistema?
-Nada, no te puedo engañar… No extraño para nada la televisión. La estoy pasando fantástico: Viajo por el mundo, disfruto… Hice tanto snorker este año que casi se me saltan los oídos. Igual tengo una agenda bastante rigurosa, actividades que forman parte de mi vida personal. Pero, por supuesto, sin cumplir horarios para ir a grabar, maquillarme o ponerme los ruleros…

-¿Formaría parte de un reality?
-Sebastián Ortega me ofreció tener mi propio reality. Una cámara estaría conmigo las 24 horas. Pero no me animé. Pensé en mi familia, somos muy poquitos y, encima, a ninguno le interesa ser parte del show business. Tampoco estaban dadas las condiciones para este año, porque yo ya no quería trabajar.

-¿Ningún proyecto la tienta económicamente?
-No, a esta altura de mi vida, ninguno. Tiene que gustarme, seducirme de alguna manera. Los realities están muy al filo del cielo y el ridículo. Demasiado peligroso.

-¿Tampoco bailaría por un sueño?
-Pero, ¿qué me estás diciendo.., que bailar? ( a los gritos). ¿Qué querés? ¿Que vaya a hacer el ridículo? La gente ya odia el baile.., no aguanta más. Yo cuando veo que viene la parte del baile, cambio.

-Durante muchos años Marcelo Tinelli y usted han competido por el primer puesto del rating. Recientemente usted confesó que Tinelli la había destronado…
-No, destronado no. Dije que yo le gané algunos años y, después, él me ganó todo el tiempo.

-¿A usted no la destrona nadie?
-Nadie. Mucho menos un hombre.

-¿En qué se diferencia usted de Marcelo Tinelli?
-Tenemos distintos puntos de vista. Yo tengo más límites que Marcelo. Lo que siempre he admirado de él, es que cuando se está cayendo un poco, hace cualquier cosa y sube. Cualquier cosa. Por un lado eso es admirable, pero por el otro, no lo puedo seguir. Yo tengo límites, códigos y jamás podría ofender a nadie.

-¿Qué es lo que ve en el programa de Marcelo que usted jamás haría ni se permitiría hacer frente a las cámaras?
-Yo nunca haría llorar a la chica del ACV (Verónica Perdomo), como la vi llorar los otros días. Eso jamás lo haría, nunca. Nunca.

-Usted confesó que la gente lo elije a él, pero que a la que más quieren es a usted…
-Sí, es verdad. Así lo siento. Lo mío fueron muchos años. Y, por suerte, tengo una carrera muy ecléctica. Yo no hice sólo televisión. Recién cuando cumplí 42 años entré al mundo de la tele. Mi carrera, para entonces, ya estaba hecha. Hice cine, teatro, teatro de revistas, fui vedette, actriz cómica…¡de todo!

-¿En qué momento sintió que a su popularidad le sumaba prestigio?
-Sin lugar a dudas, cuando estrené la comedia musical “La Mujer del Año” (1983). Esa obra me cambió la vida. Fue un antes y después en mi carrera. Mirtha Legrand me lo dijo después de ver el ensayo general. “Tu vida, es un antes y un después de esta obra”. Y no se equivocó, hice miles de películas, algunas un bodrio, pero una, “La Mary”, dirigida por Daniel Tinayre, fue un suceso, y hoy es una película de culto. Me llena de orgullo. También de jovencita hice giras por toda América latina, presentándome en los casinos y teatros cantando la canción de Raffaella Carra. “O3-03-456”. Subía al escenario con plumas y una bikini y, obviamente, era un playback. Una vez la cinta se empezó a estirar, y los parlantes emitían un sonido casi gutural. La gente estaba furiosa, y yo salí corriendo espantada. En aquel momento salíamos al toro. Y técnicamente, era todo casi artesanal. Hoy, la tecnología avanza a pasos agigantados.

-Usted se aggiorna permanentemente. A través de la moda y su propio style, ¿construye diariamente su propio producto?…
-Más allá de mi propio producto, esto de aggiornarme es algo que me gusta. Adoro decirle y mostrarle a la gente lo que va a venir, la moda que se instala en el mundo. Ilusionar a las mujeres que están solas en sus casas, a las que sufren porque la vida no les sonrió como a otras mujeres. Me gusta darles todo lo mejor. Deciles: “Se va a usar eso, o lo otro”. O “No tiren esta prenda porque vuelve…”. En realidad, te digo, no habría que tirar nada, porque todo vuelve.

-Naturalmente, usted es una mujer coqueta…
-Sí, soy coqueta, pero en mi casa soy una zaparrastrosa, y no me importa nada. No vivo para maquillarme y peinarme, para nada.

-¿Cómo es su relación con su nieta Lucía?
-Ella es el sol de mi vida. Tiene graves defectos, un carácter muy fuerte, pero es un amor. Yo me llevo brutal, estoy todo el día chupeteándola, y no la quiero retar en nada. Cuando mi hija, Mecha, viene a casa y me cuenta algo de Lucía, respiro profundo y le digo: “No me digas nada y arreglate vos como puedas. Porque cuando yo la veo sólo quiero besarla y abrazarla…”.

-Disfrutar de su rol de abuela
-Obvio, a mi hija le he puesto muchos límites, pero a Lucía no puedo. No es lo mío. No es lo mismo.

-¿Sus nietos, Lucía y Manuel, recibieron la misma educación que usted le impartió a su hija, Mercedes?
-No. Yo fui más rígida y le ponía limites todo el tiempo. Reconozco que Mercedes pasó una niñez horrible. No me veía casi nunca. Yo estaba todos los días en el teatro, y los domingos, por ejemplo, Mecha venía a tomar el té conmigo al teatro con una torta… Ha estado mucho sola. Por eso es una mujer tan solitaria.

-¿Le resultó difícil tener una mamá como Susana Giménez?
-Supongo que sí, fue difícil.

-Y que todos los hombres la desearan, ¿no la enfrentaba con su hija?
-Nunca me lo dijo y jamás hablamos de ese tema.

-¿Cuando usted iba a buscarla a la escuela, su hija se sentía orgullosa o avergonzada?
-Se moría de vergüenza, no quería… Me decía: “Mamá no me vengas a buscar, te lo pido…”. Pero vos pensá, yo tenía 25 años, usaba botas hasta las rodillas, minishort, hacía “Shock”, y tenía el pelo hasta la cintura… Mecha me tiraba su valija por la ventana del aula, y gritaba: “Apurate, apurate”, para que no me vieran…

-¿Lucía tiene mucho de la Giménez y poco de su propia madre?
-De mí heredó el carácter. Ya de chiquita le gustaba la moda, maquillarse y perfumarse. A los 5 años de edad bajaba las escaleras de casa con mis Manolo (Blahnik), y lo hacía perfecto. ¡Un monstruo! (Risas).

-Los medios consideran a Lucía como la adolescente It, a quien muchas copian su estilo canchero, trendy y súper personal.
-Sí, pero no porque ella lo provoque. Porque fijate que Lucía ni se arregla, ni es coqueta ni nada que se le asemeje. Anda siempre con enormes borcegos, no usa tacos, y le encantan las carteras. Yo siempre de mis viajes le traigo carteras. Lo que pasa es que es linda, muy linda ¡y tiene 18 años! Tiene la piel de alabastro, los ojos turquesa y un pelo divino. Bueno, ahora se fue a Las Vegas y vino con el pelo celeste. Una porquería. Dice que tarda un mes y medio en irse. Cuando la vi casi me muero.

-¿Cómo reacciona Lucía cuando usted le dice que algo le queda horrible o es una porquería?
-Me dice: “Y a mí qué me importa, a mí me gusta…”. Y se terminó.

-¿Qué puede decir de su nieto, Manuel?
-Es completamente distinto a su hermana. Es solitario, tranquilo. Va a seguir Administración de Empresas. No gasta ni un centavo. Es ahorrativo. Todo lo contrario a Lucía.

-¿Existen puntos de conexión entre la adolescencia de Lucía con su vida a los 18 años?
-No, mi vida fue muy dura. Pensá que yo me casé a los 17 años, me fui de casa con un tipo que no tenía un sope y, en el ínterin, mis viejos se divorcian y mi padre funde la fábrica. En ese momento entendí de qué se trataba la vida. “Agarrate Catalina”, me dije. A esta chica (por Lucía) nunca le faltó nada, tiene auto y todo lo material que se pueda comprar. Mecha le compraba de chiquita, no un par de zapatillas, sino seis. “¿Por qué le compras a una nena de seis años seis pares de zapatillas, si mañana calza otro número?”, le decía, y me peleaba con ella. De esa manera no se le da valor a la guita. Y esto pasa porque no se tuvieron que romper el culo para ganarla. La obligación que tienen los padres es enseñarles que todo cuesta en la vida y que nada es para siempre. Que podés perder todo en cualquier momento. Hay que valorar lo que una tiene. Ahora eso no lo hacen, y es un error. Y no lo hacen porque están siempre ocupados, tienen miedo a las contestaciones de los chicos. Antes vos le decías a tu mamá: “Qué me importa, andá a cagar”, y del bife que te daba te dejaba como un molinete dando vueltas la cabeza un mes entero. Ahora los padres apoyan a los chicos contra los maestros. Todo es una cosa de locos. Una madre va a la escuela y le rompe la jeta al director. ¿Pero qué es esto? Antes te decían: “Respetá a la maestra… Hacé lo que la señorita te diga…”. Ahora viene la madre y a los gritos encara a la maestra increpándola: “¿Qué pasa con mi nene que usted le puso un uno?”. “Es que es un bestia, señora”, debería responderle para que esa mujer quede pasmada. Es un horror, las maestras jardineras no ayudan a los niños a ir a hacer pipí por miedo. Ves, esto es la decadencia del siglo XXI. Algo pasa, ¿viste?

-¿Está harta?
-De estos horrores, sí. Cansada.

-Desde lo cotidiano y personal, ¿qué otras cosas la aburren?
-Me aburren los cócteles, porque siempre somos lo mismos y siempre decimos: “Hola, qué tal”, sin decir nada. Ya no voy a casi ninguno, porque me agotan. Lo que más cansa es hablar. Por eso estoy cada vez más solitaria. Y me encanta.

-¿Qué le encanta de la soledad?
-Me encanta leer, tirarme frente a la chimenea con mis perros. Leo de todo, en especial novelas. Y si son históricas mejor.

-Se cansó del aturdimiento…
-Sí, no quiero más. Prefiero estar con mis amigos en una charla brutal, tomarte un vino y cagarte de risa. Jugar a las cartas, ¡me encanta! Pero nada que sea multitudinario, que te chupetee todo el mundo. !Ahhh, no, basta!!. Ahora disfruto cuando sólo me besan mis perros.

-¿Siempre tuvo una relación tan visceral con los animales?
-Siempre. Tendría todos los bichos que pudiera tener.

-¿Qué bichos tiene en su chacra “La Mary”?
-Tengo tres perros, enormes peces en el lago. Yo los llamo y vienen todos a comer. Caballos no tengo. Y el pobre torito Tito se murió, lo picó una serpiente.

-¿Cómo son estos días en los que no hace nada?
-¡Gloriosos!

-¿A qué hora se despierta?
-Al mediodía, tipo once u once y media de la mañana.

-¿Sola o alguien la despierta?
-Sola. Nadie puede despertarme. Está prohibido.

-¿Necesita un tiempo de reacomodación antes de levantarse de la cama?
-Sí, lo primero que hago es ponerme gotas en los ojos, para evitar que me venga el “ojo seco” como el año pasado. Después tomo el desayuno y leo los diarios.

-¿Qué desayuna?
-Té con un yogur, y dejé de leer los diarios en la cama porque destiñen y me ensucian las sábanas. Ahora prefiero leerlos en un sillón.

-¿En su chacra de Punta mantiene la misma rutina?
-Los diarios llegan más tarde. Después de leerlos, agarro el carrito eléctrico y llevo a mis perros para que corran a mi lado varias veces por alrededor de “La Mary”. Así se cansan un poco y duermen una siesta. Luego todos nos tiramos frente a la chimenea, y yo leo. También duermo con ellos. Es una placer absoluto.

-Y cuando sale un poco de sol, hace topless en el parque.
-¡Ja ja! Es verdad…Y después cuando me veo en las fotos me quiero morir de vergüenza.

-¿Cuándo nace su pasión por el tejido?
-Viene de mi abuela, Cecilia, por parte de mi mamá. Ella me enseñó a tejer, a hacer vainilla, y todo eso. Antes todos hacíamos eso en el colegio. Yo nunca había hecho Petitpois. Un día voy caminando por la avenida Alvear, entré a un negocio, y le dije a la señora del lugar que me encantaba, que me gustaría mucho hacerlo. Ahí no más me enseñó. Y nunca paré de hacer almohadones para todos mis amigos. Los tengo hartos a todos, ya van por los cinco mil (risas). El primer almohadón que terminé fue en la chacha Yelow Roses, cuando estaba con Jorge (Rodríguez) .

-¿Qué se aprende de la soledad?
-Yo no sé si se aprende algo con la soledad, pero por lo menos se descansa. Y me encanta. Jamás me siento sola. Tengo miles de cosas que hacer. Para mí leer, bordar, hacer el jardín, estar con los perros es parte de mi nueva vida.

-Durante años afirmó que aborrecía la soledad y no imaginaba su vida sin un hombre.
-Precisamente por eso, porque nunca había tenido el tiempo para estar sola. Y no quiero decir que perdí el tiempo estando acompañada, porque muchas veces fui muy feliz. Pero últimamente, confieso que no me fue nada bien.

-¿Se sintió herida y traicionada por los hombres que estuvieron a su lado?
- Sí, me robaron, me hirieron, me engañaron, y ya no me interesa. Además, si te enamorás, sufrís.

-¿El amor está emparentado definitivamente con el sufrimiento?
-Sí, porque con el amor vienen los celos, la incertidumbre de preguntarte dónde estará, el teléfono que no suena…, y ya no quiero eso.

-¿Así es usted cuando está enamorada?
-No, soy celosa. Pero nunca jodí con eso a los tipos que estuvieron conmigo. Jamás revisé un celular, ni una agenda, ni nada.

-¿Se sentía segura del hombre que estaba a su lado?
-No, no lo hice porque la que busca, siempre encuentra… Por eso me harté, dije basta, y ahora estoy fantástica.

- Cuando habla de que los hombres le robaron y la estafaron, ¿se refiere a un robo económico o también moral?
-Económico y, por ende, moral. ¿Cómo vas pensar que alguien que duerme con vos en la misma cama y te dice que te ama, te va a afanar? Nunca había estado sola en mi vida. Siempre estuve con uno, y después otro, y otro.., pero ya está. Hay una edad en tenés que decir basta. Y lo dije. Ya no te enamorás todos los días como a los 20 años. Cuesta mucho.

-Y cuando reconoce que fue estafada por un hombre que le confesó amarla, ¿se funde en la tristeza?
-Nooo, al contrario, me fundo en la alegría. No te olvides que a mí el viaje a la India me cambió bastante. Me conectó con una zona de espiritualidad que se instaló en mí de una manera muy profunda. Leo libros espirituales. Allí me recibió el Dalai Lama, y esto no le pasa a todo el mundo. Lo que yo viví en los últimos años fue muy profundo. Ir a la India le puede cambiar la vida a cualquiera…

-¿A punto de quedarse sola sin la presencia de un hombre y no lamentarlo?
-En este momento no me interesa, no gusta nadie ni estoy enamorada. Si me pasara algo profundo con alguien, estaría.., pero no. Y no creas que no tengo festejantes, pero no me gustan. Y sabés, no quiero estar más con alguien que no me guste “mucho”. Cuando sos pendejo cualquiera se mete en tu cama, le das un beso y ya está. Ahora no.., me tiene que gustar mucho.

-¿Qué tiene que tener un hombre para que a usted le guste mucho?
-No sé.., me tiene que gustar. Por ahora no me gusta nadie. Prefiero a mis animales.

-Es verdad que a los animalitos que han muerto están enterrados en los parques de sus casas y que les reza?
-Ay sí, a Jazmín lo tengo enterrado en la entrada de mi casa de Barrio Parque, allí está su tumbita. Con una lápida en mármol. Es que Jazmín fue el compañero de mi vida durante 17 años. Y cuando yo lo compré, era porque me sentía muy infeliz. Era muy desdichada. Me sentía muy sola, muy mal… Mi relación con Huberto (Roviralta) era espantosa. Estuve casada diez años, y nunca lo engañé. Entonces pensé: “O me compro un perro o me voy a morir”. Y lo compré.

-Enorme capacidad para soportar el desamor y la soledad.
-Pero es que durante esos diez años me dediqué a trabajar. Como vi y sentí que no había nadie, que no tenía a nadie en mi casa, y me sentía sola, aún conviviendo con él, como si fuera una planta… Me dediqué a mí y a mi trabajo.

-Y se convirtió en una mujer millonaria.
-Y sí, invertí esos diez años en mi carrera y no en el amor. Y él se encargó de sacarme una parte.

-Sabe algo de la vida de Roviralta?
-No sé nada, ni me interesa.

-¿Y de Jorge Rama?
-Tampoco, ni idea. Supe que estuvo internado, pero no sé.

-¿No siente interés ni la sensibiliza?
-No.

-¿Y con Jorge Rodríguez?
-Hablamos de vez en cuanto. Somos más amigos.

-¿Qué es lo que más le molesta de la convivencia?
-Todo. Ahora, a esta altura de mi vida, me molesta todo. Detesto que me usen el baño, apagar la luz a la hora que quiere el otro, no hacer ruido… Por suerte me han tocado hombres que se dormían enseguida, y yo podía hacer lo que quería.

-¿Alguna vez compartió su baño con alguna de sus parejas?
-No, nunca. Jamás. Siempre tuvieron su baño y yo el mío.

-¿No recomienda la convivencia como un paso importante del amor de pareja?
-Pero no, únicamente si encontrás a la mitad de tu vida, porque todo el mundo tiene su otra mitad. Si tenés chicos y una familia, es otra cosa…Tampoco quiero desesperanzar a las mujeres de mi país. Pero a esta altura de mi vida, con todo lo que he sufrido y laburado, tengo que decir que me siento bárbara estando sola.

-¿Qué es lo que jamás volvería hacer dentro de una relación de pareja?
-Casarme. Es una ridiculez.

-¿Por qué se casó con Roviralta?
-No sé, él me lo proponía todo el tiempo. Recuerdo que una vez a un amigo mío le dije: “Mira, no sé si voy a casarme con Huberto, creo que no estoy tan enamorada…”. Él me miró, e indignado me dijo: “Ah, no, ya tengo todo organizado, la fiesta, las mesas, los invitados… Ahora te casás y después, si querés, te divorciás. Dejame de joder…”. Y bueno, que sé yo.., lo hice.

-Usted dice que a esta altura de su vida, no necesita un compromiso afectivo. ¿Qué es lo que siente que le falta y desea?
-Quiero reírme, divertirme, gozar de la vida, de lo que tengo y de lo que gané. Porque todo lo que tengo me lo gané laburando. Yo no heredé ni un mango, a mí nadie me dio nada. A los 17 años me quedé en bolas con una chica en la calle. No quiero sufrir más. Sólo quiero disfrutar de todo y hacer las cosas que me gustan: Viajar, leer, estar en el mar Tirreno haciendo snorker…

-Para poder acompañarla, ¿el hombre debe dejar sus actividades profesionales y convertirse en un cafficio?
-Noooo, por qué. No debería. Lo que pasa es que yo siempre me enamoré de tipos pobres. Y los pobres, para seguirme a mí, se convierten en cafficios. Yo nunca fui interesada. Ahora si mirás a tu alrededor, todas las chicas están casadas con archimillonarios. Pero ¿qué pasó?

-¿Nunca estuvo ligada a un millonario?
-No.

-¿Y a un hombre que la mantuviera?
-Hombres que me sorprendieron con algo… Carlos (Monzón) Jorge (Rodriguez). También Ricardo (Darin). Pero no eran riquísimos…

-¿Nunca le regalaron un ramo de flores con las llaves de un auto cero kilometro?
-Mmmmm, sí. No te voy a mentir. Jorge (Rodríguez)… un Mercedes.

-¿Cómo debería ser su hombre ideal?
-Que sea bueno…

-¿Un hombre de 70 años?
-Ni en pedo, estás loco…, para qué quiero un viejo (ríe).

-¿Un pibe de 30?
-No, tampoco, pero entre 48 y 50 años estaría bien. Igual es menor que yo, pero es que no me gusta la gente más grande.. Para viejo te quedás sola, como decía Tita Merello. Me estoy convirtiendo en la reencarnación de Tita…. (Risas).

-La noto decepcionada…
-Bueno… ¿Querés que te cuente? Lo que digo es mi verdad, yo no miento nunca. A mí se me nota todo, cuando estoy bien y cuando estoy mal. Y yo estoy contenta…, te lo juro.

-¿Soltera para siempre?
-No sé si para siempre. Por ahora soltera, quizá sea para siempre. En este momento me cuesta muchísimo pensar en volver a enamorarme. Me cuesta muchísimo. Estoy como “muy soltera”. Me estaría fijando en los zapatos que usa, en las uñas, en los dientes, en las manos… estaría fatal.

-¿Apasionada por alguien?
-No sé, no me interesa mucho. Amé tanto, y me amaron tanto, y sufrí tanto… que ahora no sufro más. Si no me llama, no me importa, porque todo me chupa un huevo. Ya no estoy pensando: “¿Me estará metiendo los cuernos, estará pensando en mí?, ¡qué me importaaa!

-Cuando un hombre está a su lado, se siente poderoso. ¿Nota que el resto de las mujeres lo ven como un objeto de deseo sólo porque se acuesta con usted?
-Obvio. Claro. Para las otras mujeres es una carnada maravillosa. En un punto algunas minas son muy turras…

-¿Usted asume que “tunea” el look de los hombres que están a su lado?
-Lo asumo totalmente, primero que siempre los transformo porque se empiezan a vestir fabulosos. Me gusta la estética y siempre les sugiero lo mejor. Mirá, Onassis tenía una frase brutal: “Lo peor no es separarse sino que el otro se entere lo que te comías”.

-Cuando un hombre se acerca a usted, ¿piensa en que quizá se acerca por su fortuna, por el lugar destacado que ocupa en el medio?
-Yo nunca pensé eso, te juro. Pero ahora, con todo lo que me viene pasando, voy a tener que pensar. Cuando tenés 20 años se te acercan porque sos divina…, oime, yo hasta los 40 años no tenía un defecto aunque me lo buscaras. Pero después te cambia todo…

-¿El deseo sexual y el amor van juntos?
-Para mí sí. Siempre necesito sentirme como enamorada. Un polvo con un solo tipo no me lo eché en mi vida. Bah, alguna vez sí (ríe). Pero fue hace mucho, era chica.

-¿Rechaza el sexo por el solo hecho de provocar placer?
-Si no estoy enamorada, es un plomo. Y no estoy enamorada.

-¿La fidelidad existe?
-Todos sabemos que no existe. Hasta el tipo más de rioba tiene otra mina.

-¿Sólo los hombres engañan?
-Los hombres más. El hombre no nació para ser monógamo. La mujer sí, es mucho más tranquila en eso. Yo veo mujeres que no se calientan tanto como los hombres. O los gays, que viven buscando sexo. A nosotras no nos pasa eso.

-El hombre es más visceral, mucho más directo.
-Y sí, donde puede ponerla la pone, y se olvidó. Pero las mujeres no entendemos eso. Y entonces se divorcian por un cuerno, que quizá fue pasajero.

-Durante estos dos años, ¿nunca tuvo deseos de tener sexo?
-Salí, sí, pero nadie me enloqueció. Si no tengo interés, no siento nada.

-¿Es verdad que escribe en un diario?
-Escribo frases que me gustan, que me impresionaron mucho. Que me sirven para la vida. Cosas personales no escribo. Por ahí, a veces, un diario de viajes.

-¿Escribe cartas de amor?
-Sí, las he escrito. Y me han escrito muchas cartas de amor. Hoy no tengo esa motivación.

-¿Qué la motiva?
-Viajar, ver panoramas impresionantes, mares trasparente donde poder ver los caracoles, y nadar, ser libre, comprarme lo que quiera y sentarme en la piazzetta de Capri tomando algo y ver pasar a todo el mundo: Adrien Brody, J Lo, y nadie se les tira encima, y que los fotógrafos no jodan. Eso es lo que me gusta. Sentirme libre. Tener un “buen” libro al sol y leer, me apasiona. También ver espectáculos increíbles, recorrer museos… Este año me anoté en un curso en la Sorbona para mejorar mi francés. Y me encantó hacerlo. Mi profesora estuvo todo el tiempo conmigo. Este año, también, tuve el honor que en París abrieran sólo para mí el departamento que perteneció a Coco Chanel, en la Rue Cambon. Fue todo un privilegio muy fuerte. Todo estaba como cuando ella vivía, con sus lentes sobre el escritorio. Todos los detalles. Me sentí privilegia. Eso es un privilegio, no echarte un polvo con un tipo que no te interesa y no lo vas a ver nunca más. Te digo la verdad… Lo mismo que cuando me recibió el Dalai Lama en la India. Lloré desde que entré hasta que me despidió. Y sentí que ya no iba a ser la misma.

-¿Qué fue lo que se modificó en usted, tras ese encuentro tan privado y espiritual?
-Me hizo más tierna, más buena. Los indúes están sentados en la calle, en la pobreza más absoluta, pero te miran con una sonrisa que conmueve. Tienen esos dientes blancos y siempre te sonríen. Y están alegres. Todo es paz. Abren su alma y su corazón. Todo eso lo sentí. Y haber viajado allí fue en el momento justo.

-¿Qué planes tiene para este año? ¿Piensa seguir viajando?
-Sí, un poco más. Tenía que hacer unas notas en Europa, pero están dilatadas. Veremos… Si no puedo, no las hago y punto. Tengo libertad total.

-¿Tiene ganas de hacer teatro?
-Sí, tengo muchas ofertas. Me gustaría hacer un musical fabuloso.

-¿Vuelve a la tele en el 2013?
-Sinceramente no lo sé. Tendríamos que ver cómo está el país, como va todo. Mis contratos son anuales. No tengo nada decidido ni firmado.

-Es un momento importante, de tomar decisiones significativas.
-Sí, es que no quiero estar más sola en televisión y tener que decidir lo que voy a hacer. Quiero que alguien me guíe y me dé algo nuevo. No solamente un juego, ¿entendés? Esta vez quiero sentirme muy protegida.

-¿Se sintió sola y desamparada en su ultimo ciclo televisivo?
-En algunos momentos sí, a pesar de que en el Canal hay gente fantástica, y yo los amo y les estoy agradecida por todo. Pero, a veces, la vida misma te pone en esas circunstancias. No sabés por qué, pero de repente decís: “ ¡Ay Dios mío!, ¿qué hago acá sola, manejando el Titanic?”. Es difícil. Muy difícil.

-¿El dinero la hace sentir una mujer poderosa?
-No, me hace sentir protegida. Poderosa es una palabra muy fea, que le gusta usar mucho a los políticos. El dinero me hace sentir segura, porque a mí nadie me pago nunca nada.

-¿No la mantuvieron?
-No, ¿quién querés que me mantenga?…

-Carlos Monzon, por ejemplo.
-Bueno, sí… Carlos fue un tipo diferente. Cuando vino a vivir a mi casa, me preguntó: “Che, quien pone la guita en esta casa”. Le dije que yo, y él me respondió: “ La comida la tiene que pagar el hombre, nena, qué te pasa…”, desde ese momento, Carlos llamó a mi mucama y le dijo: “De ahora en más, la plata para la comida la pongo yo…”.

-¿El dinero la ayuda a tomar decisiones?
-Tomar decisiones es la parte más fea de mi vida, de mi soledad. Es que tomar decisiones de “toda índole”, de trabajo, o de lo que se te ocurra, es muy difícil. Siempre tengo que hacerlo sola, y me pregunto: “¿Qué hago, cómo lo hago, qué le contesto…, voy, no voy? Son decisiones difíciles y eternas que debo tomar sola desde que tengo uso de razón. Porque nunca pude contar con nadie. A lo largo de mi vida, sólo con muy poca gente pude contar.

-¿Por qué dice eso? ¿No pidió ayuda a los hombres que la acompañaron?
-A veces me interesaba la opinión del otro, como la de Ricardo, o Jorge (Rodríguez), y de otros directamente no me interesaban sus opiniones. Mientras estuve en pareja, nadie pensaba como yo. Si no hubiera sido así, me hubiera quedado en el montón. Porque cuando a Héctor Cavallero le dije: “Voy a ser la modelo número uno de este país”, él se me cagó de risa. Nunca me lo voy a olvidar. Estábamos cenando en Edelweiss, él me miró, largó una carcajada y me dijo: “¡Qué tonta que sos! Entonces, me dije: “¿Qué tonta? Dame un año.” Y lo fui. De ahí en adelante todo lo hice sola. Una tiene que planear la vida. Tenés que focalizar tu deseo, con toda la fuerza y la locura de tus entrañas, y se te da.

-Sumando sacrificio y disciplina.
-Ah bueno, las pelotudas que trabajaban conmigo como modelos y se quejaban todo el tiempo, o preguntaban a qué hora terminaban, porque el noviecito las venía a buscar, desaparecieron del mapa. Ay yo tengo frío, ay yo tengo calor, esas boludeces. Yo hice mi primer comercial en traje de baño en julio y en el río. Eran trajes de baño “Jansen”. Lo pasaban en en los cines en Sucesos Argentinos. Fui setenta veces hasta que me vi.

-¿Piensa en todo lo que logró en la vida, en lo que fue y en lo que se convirtió?
-Cuando estoy en la chacra, en Punta, a veces pienso. Y digo: “Dios, ¡qué suerte que me diste esto, que estoy tan feliz con el lago, con la tierra, con mis animales… No lo puedo creer!”. Es que siempre me rompí el lomo. Y nunca me quejé.

-¿Alguna vez visualizó este éxito, esta empresa millonaria llamada Susana Giménez?
-No, pero siempre supe que necesitaba tener plata para sentirme protegida. Porque mis padres habían quebrado, y supe en carne propia lo que era no tener un mango. Venía el lechero a casa para cobrar, y no tenía para dejarle ni un billete debajo de las botellas. Fue bravo. De noche me quedaba hasta las cinco de la mañana confeccionando los cuellos de los vestidos de lana que se usaban en esa época. Había que coserlos y me pagaban por unidad. Tenía 18 años, ya había nacido Mecha, y tenía que pagar al lechero. No me lo bancaba, pero sabía que iba a encontrar el camino. Jamás bajé los brazos. Yo no decía que no a nada. Gracias al trabajo podía pagar las cuentas.

-¿Cómo recuerda a su mamá?
-Con mucho amor (se enternece, baja la mirada y la voz). Mi mamá (Luisa Sanders) era mi compañera, mi amiga, era divina.

-¿La extraña?
Mucho, la llamaba después de cada programa para preguntarle cómo me había visto. Y escuchaba su vocesita diciéndome lo que le gustaba y lo que no le parecía tan lindo. Mamá fue una mujer muy dulce. Para nada agresiva. Era amorosa. Y sufrió mucho en su vida. Ella sí sufrió. Yo no.

-¿Se sentía orgullosa de usted?
-Creo que sí…, aunque no me decía mucho. Antes los padres no te decían muchas cosas, ni te abrazaban como ahora. Eran como más parcos. No tan besuqueros como nosotros. Por ejemplo, cuando llega Lucía yo la besuqueo toda, o a Mecha que la recontrabesaba toda. Mamá me besó, pero no recuerdo que mi padre me haya dado un beso en su vida.

-¿Su padre la fajaba?
-Sí, cuando era chica, si rompía un jarrón me ligaba un fustazo.

-¿Sus padres marcaron su vida en algún sentido?
-Sólo con Marito (Sarrabayrouse), con el padre de Mecha. Porque empezábamos a pelear y no terminábamos más. Repetía la historia de horror de mis padres. Entonces, cuando me di cuenta de eso, me fui. Porque me dije, yo no le voy a hacer pasar a esta chica la niñez que yo pasé. Que no fue grata.

-¿Los hombres le pegaron, Susana?
-No, nunca lo hubiera permitido. Nunca, nunca, nunca. Lo que está pasando ahora con las mujeres que los tipos las fajan y las queman, me tiene harta. Es un horror. Que tengan que dormir con el tipo que te mata a golpes, o sentir los pasos del tipo que te viene a masacrar delante de tus hijos, una vez tras otra. No lo concibo. Me desespera. El tipo que te pega una vez te pega siempre. Y siempre es siempre. A no ser que vos la cortes y te vayas.

-¿Cómo hizo usted con Carlos Monzón?
-Pero Carlos me pegó una sola vez. Estaba en repedo y súper celoso. Estábamos en Nápoles. Yo agarré mis cosas y me fui. Después él vino, lloraba, me pidió pedón, lo perdoné, y seguimos un tiempo más. Siempre supe que Carlos me amaba con locura, y se murió amándome. Eso lo sé. Pero desde aquella vez no fue lo mismo.

-¿Por qué no fue lo mismo, por el golpe?
-Y sí, yo pensé, Carlos dejaba el boxeo, estaba chupando como loco, ¿cómo iba a terminar? ¿Me iba a fajar a mí? No existe, y lo dejé. ¿Te cuento algo? La vez pasada, caminando por Miami, me encontré con la nieta de Carlos. Tan linda, con ojos verdes, me dijo: “Soy la nieta de Carlos, no sé lo que pasó entre ustedes, pero quería darte un beso.” Le dije: “Nos amamos con locura y después se terminó”. Ella vive en Miami. Amorosa.

-¿Cómo quedo su vínculo con “Pelusa” Monzón?
-Sufrió mucho. Pensá que Carlos fue mujeriego toda su vida. Antes que estuviera conmigo, y después también, sobre todo cuando tenía el título, y toda la guita. “Pelusa” sufrió mucho.

-¿Es cierto que en pleno romance con Carlos, su ex fue a esperarla al teatro de revistas y le arrancó los pelos?
-No me arrancó nada, ¡por favor! Sólo me tiró un poco el pelo de atrás. Yo me di vuelta y me dijo: “Soy la mujer de Monzón”. Yo quería salir corriendo, por las dudas. Llamé a Pepe (Parada), y le dije: “Pepito, está la mujer de Carlos, atendela…”. Y me fui. No me hizo nada. La gente cree que me arrancó el cuero cabelludo. Nada que ver.

-¿Mario Sarrabayrouse?
-Qué te puedo decir… Fue un pobre chico. Era el hombre más lindo de la Argentina, yo me enamoré de su belleza y cuando supe que me tenía que casar con él, casi me suicido. Después, un desastre.

-¿Hector Cavallero?
-Fue un gran compañero para mí. Nos hemos reído mucho.

-¿Carlos Monzón?
-Muy fuerte en mi vida. La pasión.

-¿Norberto Dragui?
-¡Por favor! De él nunca me importó nada.

-¿Ricardo Darín?
-El amor, la alegría. Fue genial.

-¿Jorge Rodríguez?
-Un amor enorme. Nadie me ha tratado como él, nunca. Es Todo. Con él fui una reina.

-¿Huberto Roviralta?
-Paso.

-¿Jorge Rama?
-Paso.

-¿Cacho Castaña?
-Fue un amor de verano, un chiste algo alegre. Un verano maravilloso.

-¿Sergio Denis?
-Era esplendido, todas las mujeres estaban locas por él, y yo también. Él tenía 23 el, y yo 25.

-¿Qué sueña, cuál es su máxima ambición?
-Darle esperanzas a las mujeres de mi país. Ganas de vivir, que entiendan que se puede. Que hay que luchar, pero en la lucha también está la luz y la salvación. Vos sabés el dolor de las mujeres que solo están paradas en una cocinita de cuatro ladrillos. Yo quiero que cuando me vean, se alegren. Sepan que con esfuerzo se puede salir de la pobreza y el horror. Una vez alguien me dijo: “Vos sos como Evita. Las mujeres más humildes de tu país te idolatran porque les das esperanzas y energía”.

-¿Y usted se siente así, un poco como Evita?
-No puedo ser tan tonta de creérmelo. Sé que soy una mujer escuchada, que mi palabra tiene peso, pero jamás me vincularía con la política. Yo quiero que el pueblo me quiera, no que me odie. Una vez me contaron que Evita vio a un desam-parado en la calle, durmiendo, muerto de frío. Hizo parar su auto, bajó, se quitó el abrigo de visón y se lo puso sobre su cuerpo para abrigarlo. Así era Evita. Yo sólo me conformo con saber que la gente me es fiel, me quiere y que siempre estaran de mi lado.