Máxima la coronación

15 de abril de 2013

Beatriz de Holanda

Nacida en el palacio de Soestdijk de Baarm, de La Haya, el 31 de enero de 1938, Beatriz  fue la primogénita de la entonces princesa Juliana de Holanda y del príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld. El […]

Beatriz de Holanda

Nacida en el palacio de Soestdijk de Baarm, de La Haya, el 31 de enero de 1938, Beatriz  fue la primogénita de la entonces princesa Juliana de Holanda y del príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld.

El nacimiento de Beatriz fue un espectáculo de envergadura para los holandeses. La llegada de la princesa se esperaba con ansia: se trataba nada menos que de la primera princesa de Orange desde 1909, cuando nació Juliana.

Periodistas de medios internacionales estuvieron alojados durantes semanas en el Badhotel de Scheveningen, aburridos como ostras. A las puertas del palacio Soestdijk se veía gente día y noche, esperando noticias.

El espacio aéreo sobre el palacio estaba cerrado desde el 14 de enero, para garantizar la tranquilidad que necesitaba la reina madre. En La Haya esperaban 8 mil kilos de bizcochos con bolitas de anís, y cuando llegó el 30 de enero muchos comerciantes en souvenirs comenzaron a palidecer: en todos los platos, tazones y mil recuerdos más del nacimiento real decía “enero”.

El suspenso terminó justo a tiempo. El 31 de enero, a las 09.47, nació Beatriz. En todo el país, pero particularmente en Holanda, su llegada al mundo fue celebrada con alborozo.

Sus nombres, Beatriz Guillermina Armsgard, y sus títulos (Princesa de los Países Bajos, Princesa van Orange-Nassau, Princesa van Lippe-Biesterfeld) fueron comunicados de inmediato a la Cámara Alta del Parlamento holandés con toda solemnidad.

Tal como lo había dispuesto Juliana, en relación con la tensión en el ámbito internacional, el primer cumpleaños de la princesa Beatriz se celebró sobriamente. Con la “Kristallnacht” (“la Noche de los Cristales Rotos”), en Alemania, la persecución de los judíos alcanzó su punto más crítico; además, los nazis habían anexado Austria.

Algunos días después de la invasión alemana de Polonia, nació el 5 de agosto de 1939, la segunda hija de la princesa Juliana, la princesa Irene Emma Elisabeth.

Nueve meses después, la princesa y sus dos hijas tuvieron que buscar refugio seguro en Inglaterra, pero el príncipe Bernardo se apresuró a regresar a Holanda, para presenciar la última fase de la lucha contra el invasor alemán.

La reina Guillermina recomendó a su hija trasladarse a un lugar más seguro, y Juliana viajó a Canadá con las dos pequeñas princesas. En 1941, visitaron al presidente norteamericano, Franklin Delano Roosevelt y a su esposa, y se alojaron en la residencia campestre presidencial. En una entrevista con Radio Orange, la princesa Juliana comentó que lo más difícil para ella era justamente estar lejos de Holanda.

Durante la Segunda Guerra Mundial la familia real holandesa se refugió en Canadá, tras una breve estancia en Inglaterra, para después regresar a Holanda en 1945. Durante su exilio vivió en una residencia de Stornoway, la residencia oficial de líder de la oposición en Canadá. Asistió a la escuela pública Rockcliffe Park.

La princesa Juliana siempre quiso que sus hijas vivieran como personas comunes y corrientes. Cuando, en 1967, durante una visita a la isla de Terschelling, paseó en bicicleta con su familia, las fotografías de este simple hecho fueron difundidas por todo el mundo, y algo similar sucedió con las fotos que se tomaron de Beatriz cuando iba en bicicleta al colegio.

Los medios de comunicación británicos lo consideraban como algo incomprensible, especialmente uno de sus más temibles columnistas, Keith Waterhouse, quien manifestaba sin rodeos su preferencia por “una monarquía que cause escándalos, y no una que salga a montar en bicicleta”.

La entonces princesa heredera de los Países Bajos estudió en el Liceo de Baarm, y en septiembre de 1956 ingresó en la Universidad Estatal de Leiden, donde en julio de 1961 se graduó en la carrera llamada de Estudios Libres, que incluía Derecho, Economía, Historia y Sociología.

Para ampliar sus conocimientos de política internacional, Beatriz de Holanda realizó cursos específicos y visitó diversas organizaciones europeas e internacionales en Ginebra, Estrasburgo, París y Bruselas.

En septiembre de 1948 se convirtió en heredera, después de que su madre fuera investida reina de los Países Bajos, y el 31 de enero de 1956, al cumplir la mayoría de edad, ingresó en el Consejo de Estado y como heredera de la Corona, comenzó a recibir un sueldo del Tesoro Público.

Preocupada por los problemas sociales, en 1956 aceptó la presidencia del patronazgo de la Fundación Nacional para la Lucha contra la Poliomelitis, posteriormente denominada Fundación Princesa Beatriz. También trabajó a favor del Fondo Nacional para la Juventud y de la UNICEF.

A los 20 años, cuando era conocida como la “Princesa de la sonrisa”, viajó oficialmente a EEUU y a las Antillas Holandesas, a donde volvió en 1965.

La discreción y la entereza han marcado su actitud ante los momentos de controversia a los que ha tenido que enfrentarse, como sucedió tras su compromiso matrimonial, el 10 de marzo de 1966, con el aristócrata alemán Claus von Amsberg, quien se convirtió así en príncipe de Holanda.

Nacido en 1926, Claus perteneció a las Juventudes Hitlerianas, estuvo movilizado en el Ejército alemán al final de la Segunda Guerra Mundial (en 1945 fue hecho prisionero por los aliados en el frente italiano), aunque no llegó a combatir, y posteriormente sirvió en el servicio diplomático de la República Federal de Alemania.

El 10 de diciembre de 1965 Claus adoptó la nacionalidad de su prometida, lo que conllevó la adopción de la forma holandesa de su nombre. La boda de la futura reina fue acogida con opiniones profundamente divergentes en la sociedad holandesa, y los sectores de la población que tenían muy vivo el recuerdo de la ocupación germana y los padecimientos de la guerra expresaron su rechazo a los esponsales a través de manifestaciones, e incluso disturbios que obligaron a intervenir a la Policía.

Prueba de los recelos iniciales fueron los disturbios y la humareda de protesta el día de su boda. Con el paso de los años, sin embargo, el príncipe Claus terminó siendo aceptado y muy querido por los holandeses. La real pareja tuvo tres hijos varones: Guillermo Alejandro (1967), Johan Friso (1968), y Constantino (1969).

Beatriz de Orange-Nassau se convirtió en reina de Holanda el 30 de abril de 1980, y desde el comienzo quedó claro que quería distanciarse del modelo “casero” que caracterizó a su madre, la reina Juliana. Beatriz se perfiló como una monarca profesional, activa, y marcó más distancia entre la Casa Real y el pueblo.

Pidió que se dirigieran a ella como Majestad y no como Señora, sus mejores consejeros fueron seleccionados por sus conocimientos y no por sus lazos de amistad, se eliminó el semi folclórico desfile ante el palacio de Soestdijk y a la vez se le sacó brillo a viejas tradiciones.

Como reacción a la gran cantidad de enredos en los que se vio envuelto su padre, el príncipe Bernardo, Beatriz mantuvo cerradas las puertas de su palacio. Intachable, no se dejó ver o escuchar dando opiniones personales, y menos todavía mostrando preferencia por el pacifismo, como le sucedió a su madre.

Todos los primeros ministros que trabajaron junto a ella la elogian por su trabajo, porque está bien informada y es muy cumplidora. Pero además es una fanática del control, según le adjudica la prensa. Aunque “demuestra que es posible estar por encima de las discusiones políticas”, como admitió un ex primer ministro, los políticos comparaban su visita a la reina como “un examen”, y su influencia informal superaba la oficial, razón por la cual se le llegaba, incluso, a temer.

De todas formas, en opinión del senador por el PvdA y experto en Derecho Constitucional, Erik Jurgens, en estos casos “la reina tiene influencia, pero los ministros toman todas las decisiones políticas”. Es más, un ministro toma una decisión de manera autónoma y asume toda la responsabilidad ante el Parlamento.

La reina Beatriz reconoció que se le concedió más espacio, señalando que “en el pasado, esa responsabilidad (ministerial) tenía un carácter limitado, pero que a partir de los años ochenta ha tenido una lectura menos estricta.”

Gracias a los sucesivos primeros ministros, la reina adquirió la posibilidad de explorar nuevos terrenos, de conversar con todos los sectores de la sociedad y dar a su función un contenido social más amplio.

Durante su reinado, la Casa de Orange ha dejado entrever que no desea desempeñar una monarquía de carácter ceremonial. Eric Jurgens considera que todo sería más transparente si la soberana dejara de ejercer funciones ‘aparentemente’ políticas, como ser miembro del Consejo de Estado.

A su juicio “habría que abolir esas funciones porque fomentan la idea de un poder político que no existe en realidad porque, en la práctica, la Reina no puede hacer prácticamente nada”.

Las visitas de Estado han sido preparadas al detalle y la reina se involucraba mucho más de lo que se podría esperar de alguien en su posición. Con ello se ha ganado, a través de los años, un destacado nombre como embajadora de Holanda.

La reina Beatriz ocupa un lugar central en la sociedad neerlandesa”, dijo el primer ministro Jan Peter Balkenende. “La soberana ha recorrido Holanda para conocer a su pueblo, para hablar con los ciudadanos, para informarse de los más diversos temas. Ha estado siempre con nosotros en los momentos de aflicción. Ha celebrado también con nosotros los momentos de felicidad. Todo aquel que en nuestro país se esfuerza, sabe que cuenta con el apoyo de la reina”.

Su gran popularidad no es ajena tampoco a un intencionado rechazo de los símbolos más ostentosos de su condición real. “No busqué [ser parte de] la realeza, sino que lo acepté“, dijo alguna vez.

Por su profesionalismo y la creación de una cuidadosa distancia entre pueblo y monarquía, Beatriz se ha convertido en una reina realmente impecable”, dijo la periodista holandesa Conny van den Bor. “Se diría incluso que aburrida”.